Domingo 29 de Marzo de 2020

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LECTURA CORTA

24 de febrero de 2020

LA NIÑA DE LA TIARA

La vida suele tener momentos incómodos que evitamos enfrentar para no salir de nuestra zona de confort, esos momentos vienen para decirnos algo...

Me preparo para salir de casa rumbo al trabajo, son las 7:30am como todos los días, voy al Garaje donde está la moto, algo dormido y después de haber terminado la rutina diaria de caricias y juegos con ¨el michi¨, mi fiel compañero, el barrio esta aun en silencio, algunos afortunados todavía duermen, otros pocos salen al patio a tomar mate y ver los autos pasar mientras disfrutan del canto de los Horneros que se pasean por los cables del tendido electrico, llego al portón, saco los candados y bruscamente lo abro de par en par, haciendo ruido con sus herrajes, trabas y cerraduras, no es que me guste el caos, en parte simplemente necesito romper ese silencio ensordecedor de la mañana y por otro lado es mi aviso al vecindario ¨Estoy por salir¨ y con el, iniciar el ritual de saludos mañaneros con el que día a día me despiden cuando voy a trabajar, saco la moto empujándola mientras levanto la mano y asiento con la cabeza a todo aquel madrugador que a la distancia me desea un buen dia.

Cierro el portón, esta vez un poco más suave, su función ya la cumplió, hay veces en las que encuentro más vecinos levantados y otras veces sus almohadas no les permiten venir a despedirme, pero no importa, no los juzgo, comprendo su situación y un poco los envidio sanamente, enciendo la moto, su sonido grave y ronco continúa con el plan de dar aviso de mi partida, pongo primera y salgo, pero no puedo dejar el barrio sin antes despedirme de las dos personas que a pesar de que llueva, truene o relampaguee, siempre estan ahi, la mama de mi amigo Iván, Gladys y su mamá a quien todo el barrio llama ¨La Abuela¨, ellas me despiden siempre con una sonrisa, paso frente a su casa y luego de saludarlas, sigo viaje.

Es Viernes 21 de Febrero, una fresca mañana de 13º, temperatura que viene para alegrarnos y recordarnos que el verano y su agresivo calor están cada vez más cerca de su fin, como soy un animal de costumbre, considere que no era necesario abrigarme ya que el día anterior, en el mismo horario hacían  25º, pero bueno, no suelo mirar el pronóstico antes de salir de casa, grave error, solo 5km separan mi calido hogar del trabajo, pero en la moto y solo con una remera protegiéndome del frio, esos 5km parecían 100km, pase todo el camino enojandome con migo por no haberme abrigado, creandome un problema mental sin ninguna necesidad, con que facilidad una mañana que comienza tan bien y rutinaria puede volverse gris y amarga, llegue a destino prometiendo que nunca más saldría de casa sin una campera liviana en la mochila, pero esa no sería mi única promesa del día.

Detrás de mí llega mi compañero de trabajo, en su moto y bien abrigado, al verme me pregunta ironicamente ¨¿No estaras muy abrigado?¨, nos reimos y abrimos el local comercial. Otro día más en la vida de un trabajador, fue pasando la mañana, atendíamos a los clientes que llegaban, 09:10am hicimos un mate, nada fuera de lo normal hasta que se abre la puerta vidriada del local y entra una niña, su altura no superaba el metro y medio, zapatos de vestir, shorts y remerita roja, llevaba una mochila grande, de color rosa con imágenes de dibujos animados, la típica mochila de útiles escolares que los chicos no quieren dejar de usar, cuando no es temporada escolar, en vez de libros, lo que llevan en ellas son juguetes, todo sirve para no dejarlas de usar. Tenía dos trenzas largas, y una hermosa tiara de princesa en la cabeza, detrás de ella se veía como pasaban corriendo por la vereda sus hermanitos, también con mochilas de colores, igual de chicos que ella o incluso más, y luego venían caminando sus padres, podía ser una niña más de 7 años, jugando por la vereda a las escondidas con sus hermanitos, mientras sus padres venían tras de ellos con las bolsas de las compras para el fin de semana, alegres y sonrientes, disfrutando de sus vacaciones y de un paseo con su hermosa familia.

Lamentablemente no estaban sonrientes y no jugaba a las escondidas con sus hermanitos, sus zapatos de vestir eran viejos y se veía un fuerte desgaste, al punto de que la suela se despegaba por partes, pese a no ser cómodos ni los más apropiados para caminar, se notaba que lo habían hecho por mucho tiempo, sus shorts eran de jeans viejos y sucios, flecos de hilo colgando y bastante grandes para su tamaño, la remerita roja tenia símbolos que me hacían creer que era de un club de futbol, con agujeros y manchas de tierra, clara señal de haber estado sobre la tierra un buen tiempo, tal vez la noche previa esa niña no tuvo una cama cómoda y caliente donde descansar, tal vez esas manchas de tierra eran las manchas del suelo donde la noche previa se recostó a soñar con hadas y princesas… shorts cortos y una remera con agujeros, un conjunto que mucho no la protegían del frio matutino al cual se enfrentaba.

Pero su mochila, de color rosa, con imágenes de dibujos animados era así, era hermosa, era muy grande y estaba muy cargada, solo que esta vez no estaba cargada con útiles escolares o juguetes, esta vez estaba cargada con Limones, así es, varios kilos de limones, la mochila era muy grande para su contextura física, era una niña muy delgada, más de lo normal se podría decir a simple vista, se notaba que llevaba mucho peso sobre sus hombros, hombros que estaban caídos dejándola con una postura encorvada hacia adelante, su rostros no era el de una niña que venía jugando con sus hermanos y de paseo con su familia, en su rostro se la podía ver derrotada, totalmente entregada a una realidad que no merecía, que no quería, llevaba dos trenzas largas, hechas con mala gana, se veía un cabello pajoso y sucio, tal vez esas trenzas tengan varios días, pero tenían un motivo más allá de lo estético, servían para que su cabello no le molestara tanto ya que no podría recogérselo muy seguido, pues en cada una de sus manos llevaba dos bolsas de limones con aproximadamente diez unidades en cada una. Pienso que la hermosa tiara de princesa que tenía en su cabeza era lo único que cargaba con gusto ya que no cumplía ninguna función en su misión de cargar limones y venderlos de puerta en puerta, esa tiara era el último rastro de niñez que quedaba en su ser, ella era una princesa.

Por la vereda pasaban sus hermanitos pero no jugando, ellos también tenían mochilas de colores cargadas de limones y bolsas en sus manos, al igual que sus padres, solo que estos últimos, cargaban mucho más peso y también dos bebes de un año cada uno aproximadamente.

La niña abrió la puerta del local, entro y levanto una de sus manos mostrándome sus limones, todo paso en cuestión de segundos pero para mí fue eterno, lamentablemente no tenía dinero conmigo, estaba sin efectivo hasta fin de mes, solo contaba con tarjetas, miro a mis compañeros y ambos estaban atendiendo clientes, no pudieron ver a la niña, con una sensación amarga por dentro le digo que no podía comprarle, ella baja su mirada y se retira.

Muchas veces nos pasa esto en la vida, vendedores ambulantes vemos todos los días, niños en los semáforos, cortando pasto, juntando cartón, etc. Y no siempre podemos aportar algo, ayudar, comprar, dar, no siempre se puede y es así este mundo pero pocas veces en la vida me he culpado tanto por no haber hecho nada por alguien como esta vez, porque es así, no hice nada por ella, pero también pienso que si hubiese tenido efectivo y le compraba todos los Limones, 15 minutos más tarde estaría ella en la misma situación, pero más allá de que eso sea cierto, más allá de que la responsabilidad no sea mía, la culpa quedo en mí.

Luego de varios días pensando me di cuenta que no es el hecho de no haber podido comprar los limones lo que me dio culpa, la culpa esta en mi por no valorar todo lo que tengo, esa niña me hizo ver varias cosas, mientras ella soportaba el frio con ropa de verano, rota y sucia, yo esa mañana pasaba frio por gusto, por haber salido dormido de mi cómoda cama y no mirar en mi celular la temperatura del día, y lamentablemente soy parte de una sociedad que esta igual, estamos más preocupados por alcanzar todo lo que creemos que nos falta que poco nos importa disfrutar todo lo que tenemos, esa zapatilla que tenemos no es de caminar, entonces no salimos a caminar hasta no tener la adecuada y cuando consigamos la adecuada, nos faltara el conjunto de pantalón y buzo running. Y lo mismo nos pasa con las relaciones personales, se nos hace difícil darle el valor que se merece a cada cosa que tenemos, a cada detalle que la vida nos regala y a cada persona que llega a nuestro mundo.

La niña de la tiara podía ser una niña más de 7 años, jugando por la vereda, pero no, ese día, la niña de la tiara fue el punto de inflexión que necesitaba para darme cuenta que ella no necesitaba una tiara para ser princesa y yo no necesito nada más para ser feliz, todo está en querer serlo.   

P/D: Nunca más salgo de casa sin una campera liviana y sin efectivo para limones.

LA NIÑA DE LA TIARA -
(c) -
Eduardo Javier Mela

 

 

  • Sitio: www.radiobeirut.com.ar
  • Fecha: Febrero. 2020.
  • Fotos de: Bruna Saito, Ej Agumbay en Pexels.
  • Autor: Javier Mela. 

 

  

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