Viernes 5 de Junio de 2020

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LECTURA CORTA

24 de febrero de 2020

#EnsayosBeirut - AMANECE EN POSADAS

La vida suele tener momentos incómodos que evitamos enfrentar para no salir de nuestra zona de confort, esos momentos vienen para decirnos algo...

Amanece en Posadas, me preparo para salir de casa rumbo al trabajo, son las 7:30am, como todos los días voy al Garaje donde está la moto, algo dormido después de haber terminado la rutina diaria de caricias y juegos con ¨el michi¨, mi fiel compañero. El vecindario aun esta en silencio, pero si prestas atención, de fondo se escucha el canto de los Horneros que se pasean por los cables del tendido eléctrico, algunos vecinos afortunados todavía duermen mientras otros pocos salen al patio a tomar mate y ver los autos pasar.

 Llego al portón, saco los candados y bruscamente lo abro de par en par, haciendo ruido con sus herrajes, trabas y cerraduras, no es que me guste el caos, en parte simplemente necesito romper ese silencio ensordecedor de la mañana y por otro lado es mi aviso al vecindario de estoy por salir y con él, iniciar el ritual de saludos mañaneros con el que día a día me despiden algunos vecinos cuando voy a trabajar. Saco la moto empujándola mientras levanto la mano y asiento con la cabeza a todo aquel madrugador que a la distancia me desea un buen día. Cierro el portón, esta vez un poco más suave, su función ya la cumplió.

Hay veces en las que encuentro más vecinos levantados y otras veces sus almohadas no les permiten venir a despedirme, pero no importa, no los juzgo, comprendo su situación y un poco los envidio sanamente, enciendo la moto, su sonido grave y ronco continúa con el plan de dar aviso de mi partida, pongo primera y salgo, pero no puedo dejar el barrio sin antes despedirme de las dos personas que a pesar de que llueva, truene o relampaguee, siempre están ahí, la mama y la abuela de mi amigo Iván, ellas siempre me despiden con una sonrisa, paso frente a su casa y luego de saludarlas, sigo viaje.

Viernes 21 de Febrero, una fresca y muy extraña mañana de 13 grados, temperatura que viene por un lado para alegrarnos y recordarnos que el verano y su agresivo calor están cada vez más cerca de su fin, y por otro lado para darnos un respiro, una bocanada de aire fresco con la cual juntar fuerzas y seguir soportando las altas temperaturas a las que estamos siendo sometidos año tras año.

 Como soy un animal de costumbre, considere que no era necesario abrigarme ya que el día anterior, en el mismo horario hacían 25º grados, pero bueno, no suelo mirar el pronóstico antes de salir de casa, grave error. Solo 5km separan mi cálido hogar del trabajo, pero en la moto y solo con una remera protegiéndome del frio, esos 5km parecían 100km. Aunque de a ratos me daba calor debido a la vergüenza que me daban las miradas en los semáforos, y claro, todos miraban a ese ¨raro¨ que se paseaba en remera con la moto en una mañana fría tan atípica.  

El frio y probablemente la seriedad del recién levantado hizo que todo el camino haya pasado enojándome con migo por no haberme abrigado, creándome un problema mental sin ninguna necesidad, es asombrosa la facilidad y rapidez con la qué una mañana que comienza tan bien puede volverse gris y amarga. Llegue a destino prometiendo que nunca más saldría de casa sin una campera liviana en la mochila, pero esa no sería mi única promesa del día. Detrás de mí, llega mi compañero de trabajo, en su moto y bien abrigado, al verme me pregunta irónicamente ¨ ¿No estarás muy abrigado?¨, nos reímos y abrimos el local comercial.

Otro día más en la vida de un trabajador, arranca la mañana, atendíamos a los clientes que llegaban, 09:10am hicimos un mate, nada fuera de lo normal hasta que se abre la puerta vidriada del local y entra una niña. Su altura no superaba el metro y medio, zapatos de vestir, shorts y remera roja, llevaba una mochila grande, de color rosa con imágenes de dibujos animados, la típica mochila de útiles escolares que los chicos no quieren dejar de usar, cuando no es temporada escolar, en vez de libros, en ellas llevan juguetes, todo sirve para no dejarlas de usar.

Tenía dos trenzas largas, y una hermosa tiara de princesa en la cabeza, detrás de ella se veía como pasaban corriendo por la vereda dos chicos, intuí que eran sus hermanitos, también con mochilas de colores, igual de chicos que ella o incluso más, y luego venían caminando sus padres. Podía ser una niña más de 7 años, jugando por la vereda a las escondidas con sus hermanitos, mientras sus padres venían tras de ellos con las bolsas de las compras para el fin de semana, alegres y sonrientes, disfrutando de sus vacaciones y de un paseo con su hermosa familia.

Lamentablemente no estaban sonrientes y no jugaba a las escondidas con sus hermanitos, sus zapatos de vestir eran viejos y se veía un fuerte desgaste, al punto de que la suela se despegaba por partes, pese a no ser cómodos ni los más apropiados para caminar, se notaba que lo habían hecho por mucho tiempo. Sus shorts eran de jeans viejos y sucios, flecos de hilo colgando y bastante grandes para su tamaño.

La remera roja tenia símbolos que me hacían creer que era de un club de futbol, con agujeros y manchas de tierra, clara señal de haber estado sobre la tierra un buen tiempo, tal vez la noche previa esa niña no tuvo una cama cómoda y caliente donde descansar, tal vez esas manchas de tierra eran las manchas del suelo donde la noche previa se recostó a soñar con hadas y princesas… shorts cortos y una remera con agujeros, un conjunto que no la protegían del frio matutino al cual se enfrentaba.

Pero su mochila de color rosa, con imágenes de dibujos animados, era así, era hermosa, muy grande y estaba muy cargada, solo que no estaba cargada con útiles escolares o juguetes, esta vez estaba cargada con Limones, así es, varios kilos de limones, la mochila era muy grande para su contextura física, era una niña muy delgada, más de lo normal se podría decir, se notaba que llevaba mucho peso sobre sus hombros, hombros que estaban caídos dejándola con una postura encorvada y triste.

Su rostro no era el de una niña que venía jugando con sus hermanos y de paseo con su familia, su rostro era el de una persona derrotada, totalmente entregada a una realidad que no merecía, que no quería y que no podía contrarrestar. Llevaba dos trenzas largas, hechas con mala gana, se veía un cabello pajoso y sucio, tal vez esas trenzas tengan varios días, pero tenían un motivo más allá de lo estético, servían para que su cabello no le molestara tanto ya que no podría recogérselo muy seguido, pues en cada una de sus manos cargaba dos bolsas de limones con casi diez unidades en cada una.

Pienso que la hermosa tiara de princesa que tenía en su cabeza era lo único que cargaba con gusto ya que no cumplía ninguna función en su misión de cargar limones y venderlos de puerta en puerta, esa tiara era el último rastro de niñez que quedaba en su ser, ella era una princesa.

Por la vereda pasaban sus hermanitos pero no jugando, ellos también tenían mochilas de colores cargadas de limones y bolsas en sus manos, al igual que sus padres, solo que estos últimos, cargaban mucho más peso y también dos bebes de un año cada uno aproximadamente. Muchas veces vemos a padres que se esconden y mandan a sus hijos a vender cosas o pedir dinero, este no era el caso, ellos hacían lo mismo que ella, una familia entera peleándole a la pobreza, a la vida, al sistema, a la marginalidad.

La niña abrió la puerta del local, entro y levanto una de sus manos mostrándome sus limones, todo paso en cuestión de segundos pero para mí fue eterno, lamentablemente no tenía dinero conmigo, estaba sin efectivo hasta fin de mes, una realidad casi cotidiana para la clase trabajadora del país, solo contaba con tarjetas, miro a mis compañeros y ambos estaban atendiendo clientes, no pudieron ver a la niña, con una sensación amarga por dentro le digo que no podía comprarle, ella baja su mirada y lentamente como entro, se retira.

Muchas veces nos pasa esto en la vida, vendedores ambulantes vemos todos los días, niños en los semáforos, cortando pasto, juntando cartón, etc. Y no siempre podemos aportar algo, ayudar, comprar, dar, no siempre se puede y es así la vida, pero pocas veces en la vida me he culpado tanto por no haber hecho nada por alguien como esta vez, porque es así, no hice nada por ella, pero también pienso que si hubiese tenido efectivo y le compraba todos los Limones, 15 minutos más tarde estaría ella en la misma situación, pero más allá de que eso sea cierto, más allá de que la responsabilidad no sea mía, la culpa quedo en mí.

Luego de varios días pensando, me di cuenta que no es el hecho de no haber podido comprar los limones lo que me dio culpa, la culpa está en mi por no valorar todo lo que tengo, esa niña me hizo ver varias cosas, mientras ella soportaba sin opción el frio con ropa de verano, rota y sucia, yo por desatento ya que abrigos tengo, esa mañana tenía un disgusto por pasar frio unos minutos en el camino al trabajo. Mientras ella a su corta edad trabaja muy duro en condiciones adversas para poder sobrevivir, yo disfruto de un mate en mi trabajo.

Lamentablemente soy uno más en esta sociedad, estamos más preocupada por alcanzar todo lo que creemos que nos falta, que poco nos importa disfrutar lo que tenemos, esa zapatilla que tenemos no es de caminar, entonces no salimos a caminar hasta no tener la adecuada y cuando consigamos la adecuada, nos faltara el conjunto de pantalón y buzo running. Lo mismo nos pasa con las relaciones personales. Se nos hace difícil darle el valor que se merece a cada cosa que tenemos, a cada detalle que la vida nos regala y a cada persona que llega a nuestro mundo.

La niña de la tiara podía ser una niña más de 7 años, jugando por la vereda, pero no, ese día, la niña de la tiara fue el punto de inflexión que necesitaba para darme cuenta que ella no necesitaba una tiara para ser princesa y yo no necesito nada más para ser feliz, todo está en querer serlo. Ese Viernes amaneció la ciudad de Posadas como un día más, pero esa noche fui a dormir sintiéndome distinto.

 

P/D: Nunca más salgo de casa sin una campera liviana y sin efectivo para limones.

 

LA NIÑA DE LA TIARA -
(c) -
Eduardo Javier Mela

 

 

  • Sitio: www.radiobeirut.com.ar
  • Fecha: Febrero. 2020.
  • Fotos de: Bruna Saito, Ej Agumbay en Pexels.
  • Autor: Javier Mela. 

 

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